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Más significados dudosos |
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Versus tan usado en nuestra comunidad lingüística, hasta ahora no recibe la
consagración de la Academia Española, la
cual nos sugiere usar contra o frente:
Colo Colo frente a la U en vez de Colo
Colo versus la U.
Este es otro caso de un vocablo de uso
arraigado cuya “indocumentación” no
debería inducirnos a abandonarlo, ya que
por su uso extendido no pasará mucho
tiempo para que sea legitimado.
¿Autenticar o autentificar?
Ambas son validas. La norma académica
recomienda emplear la más usada en la
respectiva comunidad lingüística.
¿Accesar o acceder?
Aunque son voces sinónimas, la primera -accesar-
aún no está oficialmente registrada y es
más propia del lenguaje informático.
¿Torta o tarta?
Aquí nos encontramos con una sinonimia
gastronómica, ya que ambas significan
prácticamente lo mismo. Sin embargo, en
el castellano de Chile seguiremos
prefiriendo regalar y comer tortas.
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Casos de chilenismos dentro
de los americanismos |
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La
Real Academia de la Lengua, para
actualizar su diccionario, no acepta ni
rechaza palabras, solo registra aquellas
que, en determinada comunidad
lingüística, tienen uso extendido en el
tiempo.
Tal es el caso de los
coloquialismos, geolectos, vulgarismos,
etc. En cuanto a Chile, la Real Academia
Española registró, en la última edición
de dicho corpus, voces como las
siguientes:
bacán – leseo – piticlín
– tarúpido – condoro – impeque – hueveo
– huevón- pistolera – piscola – penetro
– porche – rasca – cochambre – pollo –
fan – bartolear – hasta las cachas –
pije – chute – capel – soponcio –
estriladera – peni – chucho – medio pelo
– porotazo – cototudo – atorrante –
chorar – chauchera – ojota – jeringar –
cochiguagua – altiro – cachar – rajar –
guata – ñeque – cabrear – desguañangado
– guachaca – rechupete – chorear – etc.
Ahora bien, el hecho de
que voces coloquiales como las anotadas
figuren en el diccionario de la Real
Academia Española, no justifica su
empleo en situaciones de formalidad.
Será la competencia lingüística de cada
hablante la que le indique la ocasión o
situación en que procede emplearlas.
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Billón y millardo |
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Hé aquí un problema para los
traductores, porque aun cuando la voz billón equivale a un millón de
millones, en Estado Unidos y desde hace algún tiempo en el Reino Unido
y en Portugal e Italia, representa mil millones. Ahora bien, para
aclarar esta confusión se creó la palabra millardo para mil millones y
así, según consta en el diccionario de la Rae, contamos con una clara
diferenciación entre una y otra cantidad: billón para un
millón de
millones y
millardo para
mil millones.
En la práctica , los
billonarios no existen: los hombres más ricos del mundo, el mexicano
Carlos Slim y el estadounidense Bill Gates, “apenas” registran entre 45
mil y 47 mil millones de dólares, ¡muy lejos de un millón de millones de
esa moneda!
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Pormenores
lingüísticos |
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Al momento de escribir
suelen surgir algunas dudas que no siempre podemos resolver con la
premura que quisiéramos.
Plurales.
Por ahora, obviaremos las explicaciones gramaticales, para recordar
algunas voces cuya pluralización no es de todos conocida:
Jersey/jerséis,
gay/gais/ espray/espráis/, rally/rallis,
ferry/ferris,
panty/pantis,
etc.
Solo las palabras en
negrita no están castellanizadas.
Siglas.
En este caso el plural se designa con el
determinantes (los, las): las
PYME
no las PYMES, los DVD no los DVDs. Pero se
escribirán en plural si van en minúscula: las
pimes, etc.
El plural de las palabras
YO, NO y SÍ es: yoes, noes, síes.
Números cardinales.
Los numerales compuestos se escriben
en una sola palabra hasta el veintinueve; se escriben separados a partir
del treinta y uno, con excepción de las decenas y centenas: setenta,
doscientos, etc.
Números ordinales.
Las formas
undécimo y duodécimo son las
aceptadas por la RAE. Por lo tanto, no deben usarse décimo primero ni
duodécimo. Recordemos el caso de los partitivos expuestos en una emisión
anterior de Castellano al Día.
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Lenguaje del recuerdo |
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Mucho se habla del
lenguaje de los lolos y muy poco del que suelen emplear las personas de
la tercera edad.
Esa modalidad de habla
conocida como
cronolecto*, se caracteriza por usar términos que, por lo
general, corresponden a denominaciones de cosas y objetos que han ido
desapareciendo.
Un anciano nos contará
que fue a la botica (farmacia) porque se resfrió al no ponerse las
polainas (especie de paño o cuero, abotonado, que cubría la pierna hasta
la rodilla). Recordará lo útil que era la hielera (hoy refrigerador) y
lo grato que resultaba movilizarse en tranvía (carro eléctrico sobre
rieles) antes llamado “carro de sangre” cuando era tirado por caballos.
También nos hablará de
sus idas al biógrafo (cine) con don Juan el dueño del emporio (almacén)
de la esquina y el regreso a casa en góndola (micro).
Se acuerda de las
hermanas González, a las que todos encontraban “picho caluga”, o sea,
estupendas, con las cuales iba a bailar a las quintas de recreo, lugares
equivalentes a las discotecas de hoy.
La señora Auristela
pasaba el chancho (enceradora) todas las mañanas y luego limpiaba el
trinche (mueble para guardar la loza y los cubiertos).
El joven José Luis, muy
peinado “a la gomina” (gel) y achutado (excesivamente ataviado) salió en
busca de su “pioresná” o peor es nada, expresión que quería significar
contar con alguien que, sin constituir el ideal, por lo menos servía
para el propósito de contar con compañía.
* Esta
palabra no está registrada en el Drae.
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