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¿Somos los
chilenos los que peor hablamos?
Ante esta pregunta, don
Víctor García de la Concha, actual director de la Real Academia
Española. respondió: “Siempre he escuchado que este país es el que
peor habla. Algo así tiene su correlato en España. Dicen que donde
mejor se habla español es en Valladolid. Eso no es así. Son mitos”.
Y nuestro profesor Féliz
Morales Pettorino, figura destacada de la lingüística (El Mercurio de
Valparaíso del domingo 16 de marzo de 2003) fue taxativo al respecto:
“No es que hablemos mal; hablamos “a la chilena”.
“Además –agregó– hablar
mal es fracasar en el acto de la comunicación por no ser suficientemente
claro y lógico, esto es, por no resultar entendible para un individuo
normal y corriente, y, además, es no hacerlo con un mínimo de “estilo”,
aunque sea con una gota de ingenio y estética que le resulte grato al
oyente”.
“ Yo no cambiaría
–continúa– a ni mi “al tiro” por “al instante”; ni mi “cahuín” por
“embrollo”;“copuchento” por “propagador de noticias”, “lacho” por
enamoradizo, “huevada” por “bobería”, etcétera. Ello –sostiene– me
obligaría a hacer un verdadero desdoblamiento mental a espaldas de mi
propio terruño”.
Ahora bien, ese mito
nace de la falta de distingo entre lengua histórica y variedad
funcional. La uniformidad en el habla solo la encontramos en el
nivel culto formal, donde se prescinde de toda expresión vulgar (sociolectos,
cronolectos, geolectos, modismos e incluso de coloquialismos. El error
que ha cimentado tal mito radica en el absurdo de haber comparado el
habla culta de los colombianos con el habla coloquial de los chilenos.
Si queremos
marcar alguna diferencia entre hablantes del castellano, lo lógico es
comparar las hablas coloquiales de un lugar con las de otro lugar y
proceder de igual manera con las hablas cultas.
Ahora bien, ese mito
nace de la falta de distingo entre lengua histórica y variedad
funcional. La uniformidad en el habla solo la encontramos en el
nivel culto formal, donde se prescinde de toda expresión vulgar (sociolectos,
cronolectos, geolectos, modismos e incluso de coloquialismos. El error
que ha cimentado tal mito radica en el absurdo de haber comparado el
habla culta de los colombianos con el habla coloquial de los chilenos.
Si queremos
marcar alguna diferencia entre hablantes del castellano, lo lógico es
comparar las hablas coloquiales de un lugar con las de otro lugar y
proceder de igual manera con las hablas cultas.
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