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Inicio | Complementos - Noticiario lingüístico | 31. Diferencia entre ironía y sarcasmo >

30. Lenguaje del recuerdo

Mucho se habla del lenguaje de los lolos y muy poco del que suelen emplear las personas de la tercera edad.

Esa modalidad de habla conocida como cronolecto*, se caracteriza por usar términos que, por lo general, corresponden a denominaciones de cosas y objetos que han ido desapareciendo. 

Un anciano nos contará que fue a la botica (farmacia) porque se resfrió al no ponerse las polainas (especie de paño o cuero, abotonado, que cubría la pierna hasta la rodilla). Recordará lo útil que era la hielera (hoy refrigerador) y lo grato que resultaba movilizarse en tranvía (carro eléctrico sobre rieles) antes llamado “carro de sangre” cuando era tirado por caballos.

También nos hablará de sus idas al biógrafo (cine) con don Juan el dueño del emporio (almacén) de la esquina y el regreso a casa en góndola (micro).

Se acuerda de las hermanas González, a las que todos encontraban “picho caluga”, o sea, estupendas, con las cuales iba a bailar a las quintas de recreo, lugares equivalentes a las discotecas de hoy.

La señora Auristela pasaba el chancho (enceradora) todas las mañanas y luego limpiaba el trinche (mueble para guardar la loza y los cubiertos).

El joven José Luis, muy peinado “a la gomina” (gel) y achutado (excesivamente ataviado) salió en busca de su “pioresná” o peor es nada, expresión que quería significar contar con alguien que, sin constituir el ideal, por lo menos servía para el propósito de contar con compañía.

* Esta palabra no está registrada en el Drae.