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30. Lenguaje del
recuerdo
Mucho se habla del
lenguaje de los lolos y muy poco del que suelen emplear las personas de
la tercera edad.
Esa modalidad de habla
conocida como
cronolecto*, se caracteriza por usar términos que, por lo
general, corresponden a denominaciones de cosas y objetos que han ido
desapareciendo.
Un anciano nos contará
que fue a la botica (farmacia) porque se resfrió al no ponerse las
polainas (especie de paño o cuero, abotonado, que cubría la pierna hasta
la rodilla). Recordará lo útil que era la hielera (hoy refrigerador) y
lo grato que resultaba movilizarse en tranvía (carro eléctrico sobre
rieles) antes llamado “carro de sangre” cuando era tirado por caballos.
También nos hablará de
sus idas al biógrafo (cine) con don Juan el dueño del emporio (almacén)
de la esquina y el regreso a casa en góndola (micro).
Se acuerda de las
hermanas González, a las que todos encontraban “picho caluga”, o sea,
estupendas, con las cuales iba a bailar a las quintas de recreo, lugares
equivalentes a las discotecas de hoy.
La señora Auristela
pasaba el chancho (enceradora) todas las mañanas y luego limpiaba el
trinche (mueble para guardar la loza y los cubiertos).
El joven José Luis, muy
peinado “a la gomina” (gel) y achutado (excesivamente ataviado) salió en
busca de su “pioresná” o peor es nada, expresión que quería significar
contar con alguien que, sin constituir el ideal, por lo menos servía
para el propósito de contar con compañía.
* Esta
palabra no está registrada en el Drae.
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